Somos una especie en viaje

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A menudo me preguntan de donde soy, no pasa un día sin que alguien me lo pregunte. Y es que siendo una argentina viviendo en México, no importa cuantos años ya, el oyente siempre alerta de cualquier cambio en entonación que denote alguna diferencia y en automático siente la necesidad de ponerle etiqueta. De darle nombre a la diferencia, que cree que hay pero que realmente no comprende.

Yo con algo de recelo contesto de donde soy y como si fueran mis ojos una cámara filmadora hacen zoom en la expresión de la otra persona y es inevitable que su semblante cambie. La idea que tiene sobre mí ya no tiene nada que ver con quien soy sino con lo que cree conocer de mí, en especial de mi lugar de origen.

Es en vano tratar de explicar que en realidad tenemos mucho más en común de lo que se imaginan, que siendo dos naciones que luchan para salir adelante frente a la constante adversidad, rodeados de injusticias y corrupciones, con el sueño profundo de ser parte de una familia feliz y sobretodo con nuestras raíces latinas; hay mucho más de lo que nos une que de cosas que nos separan.

Pero es en vano digo, porque la gente tiene etiquetas mentales que en automático aplican al otro, y esto no depende solamente de donde naciste, también del trabajo que tienes, de la colonia en donde vives, la ropa que usas y hasta los modismos que empleas para expresarte. Etiquetas que nos limitan y nos dividen, empañando la naturaleza misma que compartimos.

Las similitudes están en los anhelos, en los sueños, pero también en las necesidades; de amor, de ser escuchados, de ser entendidos, de vivir en paz. Cuando nos fijamos en ellas podemos ver nuestro parecido, porque independientemente de nuestro origen todos queremos lo mismo y eso es parte de lo que nos define como humanos, es nuestra naturaleza compartida.

Veo en ti una parte de mí por más distintos que parezcamos ser.

 


 

“Somos una especie en viaje. No tenemos pertenencia, sino equipaje.”

Movimiento. – Jorge Drexler

 

 

 


 

 


 

Segregación actual: evolución de una vieja costumbre.

Hace tiempo vi la película “Talentos Ocultos” (tráiler aquí). Trata sobre la vida de una mujer afroamericana que fue niña genio y que tenía extremas habilidades matemáticas y geométricas. Cuando esta niña crece se encuentra trabajando con tres amigas para la NASA en los años 60´s; en el ala este, en el subsuelo, por ahí escondida, haciendo trabajos de transcripción de datos y matemáticas simples como “Computadora de Color”.

 

En esa época los Rusos estaban aventajando a los Norteamericanos en cuanto a exploración espacial se trata, habían conseguido que un hombre orbitara la Tierra y regresara sano y salvo, mientras que la NASA estaba muy lejos de poder concretar dicha hazaña. Es ahí cuando el aporte de Katherine Johnson y sus compañeras se vuelve fundamental para conseguir poner al primer astronauta estadounidense alrededor de la Tierra.

 

Estas mujeres no recibieron ni el crédito ni el reconocimiento que merecieron, tanto por ser afroamericanas como por ser mujeres. Hasta 1965 en EEUU la ley de segregación racial estaba en plena vigencia. Lo que significaba separación de espacios, servicios y leyes para personas de diferente ascendencia racial. Para ponerlo más claro, no podían usar los mismos baños que los blancos, los mismos utensilios, como podría ser utilizar la misma cafetera; incluso el autobús estaba dividido en zonas para “gente de color” y “gente blanca”.

 

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Foto: Momentos del Pasado Blog

 

Por eso ves en la película a la protagonista correr bajo la lluvia durante 8 km para llegar al baño para gente de color, que se encuentra en otro edificio y regresar a su escritorio totalmente empapada.

 

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Foto: Pinterest

 

Es absurdo, lo sabemos y nos llenamos de angustia e impotencia por estas injusticias. De ver que fundamentalmente el progreso de la NASA en esos años se lo deben a estas mujeres que fueron tratadas de forma indigna por sus empleadores y compañeros de trabajo, es penetrante e inspirador.

 

Hasta que un buen día su jefe se da cuenta de la situación y quita los carteles de segregación e impone la igualdad de usos de baños para todos. Y ahí todos pensamos: ¡por fin alguien con sentido común!

 

Pero, ¿saben qué? Esto no es un hecho aislado de hace casi 60 años en Estados Unidos, esto lo tenemos mucho más cerca de lo que nuestro sentido común nos ha permitido ver.

 

Hoy en día en algunas empresas hay unos baños para los empleados del sector operativo y otros para los ejecutivos. O un baño especial para los clientes, que como diferencia presenta que ese sí está limpio y tiene papel de baño y jabón; mientras que los empleados tienen que traer sus propios implementos de aseo y aceptar condiciones mucho menos que higiénicas.

Incluso en la comida hay diferencias. Un menú para los puestos de alto mando y prácticamente un Lonchibon (un sándwich en México) para los de mando bajo.

 

Y aquí nadie se queja, en cambio se agradece el trabajo. Pero no por eso nos hagamos los distraídos y normalicemos el trato indigno, la segregación y las diferencias entre personas. Porque en lo humano, en lo más profundo de nuestra especie somos todos iguales, tenemos las mismas necesidades y merecemos el mismo respeto.

 

Vean la película si nunca se han sentido discriminados y podrán tener una muestra de cómo se siente ser el otro.

Y por favor comenten si ustedes o alguien que conocen se ha sentido discriminado en su ámbito laboral. Tenemos que cambiar esto y el primer paso es notándolo.

 

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Foto: Memorias de un fonógrafo.

 

Foto de portada: Arnet News