Somos una especie en viaje

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A menudo me preguntan de donde soy, no pasa un día sin que alguien me lo pregunte. Y es que siendo una argentina viviendo en México, no importa cuantos años ya, el oyente siempre alerta de cualquier cambio en entonación que denote alguna diferencia y en automático siente la necesidad de ponerle etiqueta. De darle nombre a la diferencia, que cree que hay pero que realmente no comprende.

Yo con algo de recelo contesto de donde soy y como si fueran mis ojos una cámara filmadora hacen zoom en la expresión de la otra persona y es inevitable que su semblante cambie. La idea que tiene sobre mí ya no tiene nada que ver con quien soy sino con lo que cree conocer de mí, en especial de mi lugar de origen.

Es en vano tratar de explicar que en realidad tenemos mucho más en común de lo que se imaginan, que siendo dos naciones que luchan para salir adelante frente a la constante adversidad, rodeados de injusticias y corrupciones, con el sueño profundo de ser parte de una familia feliz y sobretodo con nuestras raíces latinas; hay mucho más de lo que nos une que de cosas que nos separan.

Pero es en vano digo, porque la gente tiene etiquetas mentales que en automático aplican al otro, y esto no depende solamente de donde naciste, también del trabajo que tienes, de la colonia en donde vives, la ropa que usas y hasta los modismos que empleas para expresarte. Etiquetas que nos limitan y nos dividen, empañando la naturaleza misma que compartimos.

Las similitudes están en los anhelos, en los sueños, pero también en las necesidades; de amor, de ser escuchados, de ser entendidos, de vivir en paz. Cuando nos fijamos en ellas podemos ver nuestro parecido, porque independientemente de nuestro origen todos queremos lo mismo y eso es parte de lo que nos define como humanos, es nuestra naturaleza compartida.

Veo en ti una parte de mí por más distintos que parezcamos ser.

 


 

“Somos una especie en viaje. No tenemos pertenencia, sino equipaje.”

Movimiento. – Jorge Drexler