Segregación actual: evolución de una vieja costumbre.

Hace tiempo vi la película “Talentos Ocultos” (tráiler aquí). Trata sobre la vida de una mujer afroamericana que fue niña genio y que tenía extremas habilidades matemáticas y geométricas. Cuando esta niña crece se encuentra trabajando con tres amigas para la NASA en los años 60´s; en el ala este, en el subsuelo, por ahí escondida, haciendo trabajos de transcripción de datos y matemáticas simples como “Computadora de Color”.

 

En esa época los Rusos estaban aventajando a los Norteamericanos en cuanto a exploración espacial se trata, habían conseguido que un hombre orbitara la Tierra y regresara sano y salvo, mientras que la NASA estaba muy lejos de poder concretar dicha hazaña. Es ahí cuando el aporte de Katherine Johnson y sus compañeras se vuelve fundamental para conseguir poner al primer astronauta estadounidense alrededor de la Tierra.

 

Estas mujeres no recibieron ni el crédito ni el reconocimiento que merecieron, tanto por ser afroamericanas como por ser mujeres. Hasta 1965 en EEUU la ley de segregación racial estaba en plena vigencia. Lo que significaba separación de espacios, servicios y leyes para personas de diferente ascendencia racial. Para ponerlo más claro, no podían usar los mismos baños que los blancos, los mismos utensilios, como podría ser utilizar la misma cafetera; incluso el autobús estaba dividido en zonas para “gente de color” y “gente blanca”.

 

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Foto: Momentos del Pasado Blog

 

Por eso ves en la película a la protagonista correr bajo la lluvia durante 8 km para llegar al baño para gente de color, que se encuentra en otro edificio y regresar a su escritorio totalmente empapada.

 

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Foto: Pinterest

 

Es absurdo, lo sabemos y nos llenamos de angustia e impotencia por estas injusticias. De ver que fundamentalmente el progreso de la NASA en esos años se lo deben a estas mujeres que fueron tratadas de forma indigna por sus empleadores y compañeros de trabajo, es penetrante e inspirador.

 

Hasta que un buen día su jefe se da cuenta de la situación y quita los carteles de segregación e impone la igualdad de usos de baños para todos. Y ahí todos pensamos: ¡por fin alguien con sentido común!

 

Pero, ¿saben qué? Esto no es un hecho aislado de hace casi 60 años en Estados Unidos, esto lo tenemos mucho más cerca de lo que nuestro sentido común nos ha permitido ver.

 

Hoy en día en algunas empresas hay unos baños para los empleados del sector operativo y otros para los ejecutivos. O un baño especial para los clientes, que como diferencia presenta que ese sí está limpio y tiene papel de baño y jabón; mientras que los empleados tienen que traer sus propios implementos de aseo y aceptar condiciones mucho menos que higiénicas.

Incluso en la comida hay diferencias. Un menú para los puestos de alto mando y prácticamente un Lonchibon (un sándwich en México) para los de mando bajo.

 

Y aquí nadie se queja, en cambio se agradece el trabajo. Pero no por eso nos hagamos los distraídos y normalicemos el trato indigno, la segregación y las diferencias entre personas. Porque en lo humano, en lo más profundo de nuestra especie somos todos iguales, tenemos las mismas necesidades y merecemos el mismo respeto.

 

Vean la película si nunca se han sentido discriminados y podrán tener una muestra de cómo se siente ser el otro.

Y por favor comenten si ustedes o alguien que conocen se ha sentido discriminado en su ámbito laboral. Tenemos que cambiar esto y el primer paso es notándolo.

 

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Foto: Memorias de un fonógrafo.

 

Foto de portada: Arnet News


 

 


 

París puede esperar.

La película estrenó hace algunas semanas y como no es de las típicas películas taquilleras de Hollywood seguramente no durará mucho en cartelera. Sin embargo, es una película que a través de los sentidos te hace recordar esos momentos de máximo disfrute del presente. (Ve el trailer aquí)

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Sin preocupaciones, sin prisa ni pretensiones disfrutar lo que se encuentra ahí mismo. Y claro, a eso agrégale la delicia de la cocina francesa y el perfecto maridaje con sus vinos y tienes un momento de película. Pero posible. Pero alcanzable.

Porque lo más importante no el deleite francés. Lo que te llevas después de ver la película es que París puede esperar; sí, la ciudad más bonita del mundo puede esperar y también ese ambicioso proyecto que llevas tiempo trabajando. También tus sueños y anhelos, no para olvidarlos ni abandonarlos si no para ir acercándote de a poco, poniendo atención al cambio en el paisaje con cada paso que se avanza. Porque en el camino se encuentran verdaderos tesoros ignorados, pequeñas bellezas desatendidas. Que normalmente pasamos por alto en búsqueda de aquel objetivo, que estando lejos o cerca, nos enceguece y nos aturde.

Entonces como dice Jorge Drexler y como repiten los que saben: amar la trama más que el desenlace. Para poder así detener el tiempo, en forma de recuerdos, en forma de sonrisas o de lágrimas.  Ahí está todo. Ahí es donde la magia sucede. (escucha la canción aquí)

 

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Fotos: Adriana Vega.